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viernes, 6 de agosto de 2010

VIAJE AL PASADO



"Recorriendo el camino del Heroísmo"

Por Silvio L. Benítez López

Cuando leemos los libros de historia, tanto en la secundaria como en la universidad, lo hacemos desde una perspectiva muy cómoda. No lo vimos, no lo hemos vivido por lo tanto no nos interesa tanto. Otros, quizás, lo hacen sólo con la finalidad de pasar la materia en cuestión.
Por último, como todo paraguayo nos refugiamos en el “ver para creer” o “paraguayo opokova’erâ o cree haguâ”
Esa fue la temática durante el viaje a Vapor Cue y los Campos de Acosta Ñu. Comprobar con nuestros sentidos el Valor, el Sacrificio, la Inmolación y el Honor, que tantos historiadores relatan, que el pueblo ignora y que una nación le debe su existencia.
Salimos de Ciudad del Este en un ambiente distendido. El círculo de relatos históricos se fue reforzando con los datos que los compañeros iban aportando, quizás fruto de las pequeñas experiencias como lectores de historia nacional.
La parada para el desayuno.  Algunos chipa con cocido caliente. Otros, caldo de gallina o un soyito con tortillas. Fotos aquí, fotos allá. El cansancio no era problema. El sueño tampoco. Preparar el tereré y de vuelta a la ruta.

CERRO DE LA GLORIA – Monumento a los Niños Mártires de Acosta Ñú

Primera parada, el Cerro de la Gloria.
Un sitio casi desconocido, para muchos de nosotros, que posee un monumento en honor a los Niños Mártires de Acosta Ñú.
Llegamos luego de algunas vueltas, al no poder ubicar por falta de una señalización correcta, cuestión que debe ser revisada por la SENATUR, para facilitar la  ubicación de los sitios históricos.
El destino nos exigió un pequeño sacrificio. El pésimo estado del camino, hacía imposible que lleguemos con nuestro transporte hasta el cerro. Tuvimos que caminar unos 2 a 3 kilómetros, hasta el monumento.
Este “pequeño sacrificio”, no era nada comparado con el hecho histórico a rememorar.
Un poco de sudor, esfuerzo físico, y un ambiente relajado hicieron más apacible la jornada.
Subir al Cerro de la Gloria, significaba eso “redimir a nuestros mártires con una pequeña peregrinación al sitio del Honor y la bravura de los niños guerreros”
En la cima del cerro, en un pequeño sarcófago, con una corona de flores dónde las mismas han pasado a la historia, se encuentran los restos de un niño combatiente. Cuenta la historia que era un herido en la batalla de Acosta Ñú que se refugió en un hueco del cerro.  Acurrucado en los brazos de la tierra que lo vio nacer, sufriendo las heridas de  “cien luchas tenaces y cruel resistencia”, quedó dormido…, eternamente, en la Gloria de los Héroes. Quizás, sus pequeños ojos no se cerraron jamás porque deseaba seguir viendo “valle dormido, mudo testigo de su kurusu.”
Esta es la historia de un niño que “anónimos ambos”, la propia “Historia Oficial” no recuerda en los libros. Es el mudo testigo, silencioso y desconocido de nuestra nación.
En las alturas de la Gloria descubrimos el sentido de la frase que Juan E. O’Leary dice…, “la sangre de nuestros héroes bautizó el suelo paraguayo, para un renacer glorioso en la historia nacional”.
El monumento…, algo abandonado, mantiene la hidalguía de un pueblo que se resistió a morir. El monolito es la viva expresión de ese hecho luctuoso de nuestro pasado.
Las emociones se fueron encontrando, los sentimientos afloraron, y por ende, las conversaciones apuntaban a ubicar el destino como estudiantes en las páginas de nuestro pueblo.
Desde las alturas del cerro, veíamos los campos de Acosta Ñú que a lo lejos se distinguían de color amarillo con pequeños bosques por el que recorre el arroyo Yukyry.
En nuestras conversaciones imaginamos, un grupo de niños intentando defenderse del ataque de la caballería brasileña al mando del Conde D’Eu, Príncipe de Orleans, quien no contento con asesinarlos, procedió a incendiar los campos haciendo realidad la famosa frase del argentino Faustino Sarmiento: “si es posible, a los paraguayos, debemos matarlos en el vientre de sus madres”.
Observando la inmensidad…, nos imaginamos las penurias de pies descalzos, frágiles brazos, hombros cansados que debían transportar heridos, pertrechos, cañones, víveres.
Por esos lugares, en aquella época no había rutas, ni senderos.
Rescatamos el valor de los soldados paraguayos y la crueldad del enemigo, que ignoró los conceptos básicos que ya en el Paraguay, desde el gobierno del Dr. Francia, estaban arraigados, “se puede perder la libertad, pero nunca el honor de morir por la patria”.
El orgullo de ser paraguayos se enfrentaron en una cruel batalla contra la emoción y los sentimientos. Las lagrimas intentaban doblegar nuestro espíritu para aflorar por nuestros ojos y surcar por las mejillas.
Unos compañeros, con acordes de guitarra, entonaron el Himno a la Juventud, que todos conocemos como Patria Querida. Otras canciones patrióticas en homenaje a esos mártires, fueron surgiendo en voces vibrantes. El resto, los menos privilegiados con la voz y mas consustanciados con los sentimientos, escuchábamos en silencio y con un nudo en la garganta recordando “el heroico pasado…, la gran epopeya de un pueblo viril”, en ese “pedacito de tierra color de esperanza, reliquia de gloria y honor guaraní”.
Al borde de las lágrimas. En el silencio del Cerro de la Gloria. Dejamos al Héroe.
Quizás.., su espíritu agradecido, quedaba de nuevo en lo alto del monolito, para vigilar…, y recordarnos que un niño, puede dar una gran lección de lo que significa ser paraguayo. “Niños, ancianos, todos cayeron, al juramento de "antes morir", solo una cosa quedó en su puesto, la raza heroica del guaraní”

VAPOR CUE
Nuestra siguiente parada, Vapor Cue.
Eran las 15 horas. El hambre nos asaltaba. Y aunque habíamos disfrutado de las jugosas mandarinas, que gentilmente un compatriota nos permitió arrancar de su patio, fuimos haciendo camino.
Llegamos al Hotel Nacional de Vapor Cue, a orillas del río Yhaguy. Una vez instalados y distribuidos en las habitaciones. Pasamos a visitar el Museo al aire libre de Vapor Cue.
Llegar a destino, es llegar al final, y es así. Vapor Cue es el final de los restos de una de las mayores flotas mercantes de Sudamerica en esos tiempos. Es la culminación de los grandes actos de valentía del pueblo.
El monumento que nos recibe, esta compuesto por siete guerreros que defienden el pabellón patrio. Es el homenaje a los soldados marineros que un 18 de agosto de 1868, decidieron hundir los barcos antes que verla en manos de los enemigos.
Mirar esos barcos, y mirar el río, nos da una pauta de lo que significa el HONOR, la BRAVURA y el HEROISMO.
Tantos hombres, decididos a VENCER O MORIR y ahí estaban los restos, cual mudos testimonios de la decisión de una nación en guerra.
Los barcos, gigantes de hierro, recorrían nuestros ríos defendiendo la patria.
Es interesante, ver el tamaño de las embarcaciones con respecto al río. Uno se pregunta…, “¿Cómo ingresaron?”
Todos quedamos impresionados por esos vestigios de historia que estaban ahí vigilantes de un pueblo que murió para sobrevivir.
Sin embargo, en ese preciso momento en que nosotros, cansados del viaje, agotados por el trajinar, comprendíamos el esfuerzo de esos marineros guaraníes y su actuar en la Guerra contra la Triple Alianza. Un grupo de jóvenes, moradores de las ciudades cercanas, jugaban al fútbol y consumían bebidas alcoholicas sin respetar, no sólo al sitio histórico, sino a las personas que en ese momento estábamos de visita.
Es así que descubrimos latas de cerveza, y hasta preservativos usados que demostraban el poco interés en respetar un sitio sagrado donde el VALOR y el espíritu GUERRERO yacían en las estructuras de esos barcos centenarios.
Una vez que recorrimos todos los barcos, el encargado del museo, abrió las puertas y pudimos ver, la bandera del Piravevé.  Esta bandera tomada con fervor por uno de los marineros del barco y entregado a otro, ha pasado la historia para llegar a nuestros ojos y ejemplificarnos que el amor a la patria, es el amor al espíritu colectivo de un pueblo que supo combatir contra otros hombres, contra sí mismos y contra los enemigos.  Cruzó el tiempo para llenar nuestros ojos de admiración hacia esos hombres que con su sangre, tiñeron de rojo el cauce del Yhaguy y con su carne sembraron la tierra guaraní.
Que mas podríamos pedir los paraguayos a la providencia que no fuese un homenaje de incalculable valor para esos HEROES de Vapor Cue.

CONCLUSION

El viaje a Acosta Ñu y Vapor Cue, sirvió para afianzar, no sólo el lazo de amistad y hermandad que brota entre nosotros, sino también, hacer reafirmar  en nuestros corazones el respeto a quienes dieron su vida por la Patria.
Al regresar todos, de alguna manera quedamos con un deber cumplido y con algo nuevo por cumplir. No existe otra manera de describir el vacío que uno siente al dejar parte de la historia de nuestra nación al arbitrio de las fuerzas de la naturaleza.
Es un compromiso hecho el de rescatar de la ignominia, esa memoria histórica que está ahí…, pero que no es valorada por nuestros compatriotas.
Quizás de este grupo salga lo que el Mariscal Francisco Solano López predijo “Pero vendrán otras generaciones que nos harán justicia aclamando la grandeza de nuestra inmolación”.
Por ello y para terminar, quiero cerrar este trabajo con la frase que dijo el compañero Arnulfo González, al ver los restos de las embarcaciones en Vapor Cue: “Pensé que era un cuento…, pero la guerra existió”.







FOTOS DEL CERRO DE LA GLORIA




FOTOS DE VAPOR CUE

1 comentario:

Anónimo dijo...

Exelente articulo Señor Seilvio, y ojalá loS alumnos de Historia, Ciencias de la Educacion y sus profesores "caduqueitors", tengan esta iniciativa tambien ver nuestra verdadera historia, y dejar un poco de repetir lo mismo de siempre sobre Grecia y Roma desde hace 20 aÑOS, ¡que cosa más aburrida! ni sabemos si fue cierto o no, pero ellos siguen repitiendo lo mismo de siempre, y jamás se pusieron a leer algo nuevo.