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lunes, 3 de febrero de 2014

EN LA MADRUGADA DEL 3 DE FEBRERO

Por Salvatore Brienza

Eran, aproximadamente, las 2 de la madrugada del 3 de febrero del 1989.
Entre sueños, escucho la voz de nuestro vecino llamando a mi padre.
-Chilo, Chilo…, epu’a. Ho’a Stroessner, oiko Golpe de Estado paraguaýpe!- decía Don Nenito Yubi, en esa madrugada, mientras golpeaba la puerta de la casa.
- ¡E’a! ¿Añetepio?- respondió mi padre como soñoliento y no creyendo.
-Radio Mitrepe ohasa hina. – confirmaba el vecino quien entre preocupado e incrédulo, pedía a mi padre que a partir de ese momento, quede atento por cualquier cosa. Supongo yo, que era por precaución ante cualquier violencia que se pudiera dar, nadie creería que Stroessner estaba siendo derrocado.
Tenía 18 años. Me levanté para saber que pasaba. Cuando me enteré, mi padre ya estaba prendido a la radio y yo a su lado, queriendo saber que pasaba en Asunción.
Era una madrugada, no recuerdo si agradable o calurosa como en estos días de febrero, en el pueblo de Iturbe. Afuera todo estaba muy tranquilo. No creo que mucha gente haya estado consciente de lo que pasaba en esos momentos en la capital.
En mi adolescencia, no era un asiduo manifestante opositor. Sin embargo, en varias oportunidades había participado de los Festivales organizados en el tinglado de la Parroquia de la Santísima Trinidad, donde el Padre Velazco era el principal articulador de las reuniones para analizar la situación de injusticia que se vivía en la comunidad y el país.
Algo que debemos decir es que la Parroquia queda, frente a la Comisaría 12 de mujeres y unas cuadras de la Seccional Colorada N° 1 Raúl Peña. En definitiva, algún que otro “pyrague” seguro que rondaba el barrio.
En esos festivales, además de cantar canciones de Sembrador, Vocal 2 o Gente en camino, mi energía adolescente rebozaba de intentar entender lo que sucedía en mi país y me enorgullecía ser un “rebelde sin causa”.
Muchas veces, terminaban con el clásico cántico “el pueblo unido jamás será vencido” coreado desde el interior del Tinglado y que los policías de la comisaria no podían impedir, porque fueron convenientemente “participados” bajo la única condición de que “mientras se realizaba dentro del predio, nadie molestaría a los participantes del festival”. No recuerdo, de los que participé, que ninguno de ellos haya terminado en la “garroteada oficial” para “educar a los jóvenes comunistas y rebeldes”.
Quizás como parte de una resistencia silenciosa, recuerdo que me tocaba repartir “SENDERO”, que era el periódico Oficial de la Conferencia Episcopal Paraguaya que mi abuela me pedía llevar a varias personas del barrio. Estas personas, al mismo tiempo que colaboraban con la iglesia recibían artículos que ayudaban a reflexionar sobre “el papel de un buen cristiano ante las injusticias del gobierno”.
En otras oportunidades, y simulando repartir SENDERO, llevaba “EL PUEBLO” revista de resistencia del Partido Revolucionario Febrerista, cuyos diseños de tapa me encantaban y me divertían, en especial los artículos del “Avispón Verde”.
Cuando llegó la mañana de aquel 3 de febrero, recuerdo haber salido con mi amigo Carin Yubi e irnos a recorrer el pueblo. No todos sabían lo que había ocurrido en Asunción. A muchos ni les importaba y pienso que luego de 25 años, mucha gente sigue tan “ignorante de lo que sucede en nuestro país y ni les importan las cuestiones políticas", por eso seguimos aplazados en "democracia".

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