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sábado, 30 de agosto de 2014

ITURBE Y EL AMOR ETERNO

Por Salvatore Brienza
Iturbe, una ciudad atemporal.
Antigua casa comercial Mascheroni
Aunque todos estamos más viejos, algunos ya se fueron y otros se marcharán pronto, la ciudad no ha cambiado. Sigue mirando a su amor eterno, la fábrica de azúcar.
¿Qué pasará con toda esta realidad?. Se cerraron las  grandes casas comerciales de antaño. Quizás, porque el “modelo matrimonial de conveniencia fabrica/pueblo” ya no funcionaba.
Incluso el ferrocarril, dejó de venir. Su llegada, que era siempre noticia, dejó de anunciar la venida de los “arribeños”. Los caminos siempre fueron intransitables, como los caminos de los reclamos de los trabajadores.
Iturbe es una sociedad tradicional.
Vivienda de Don Nenito Yubi
Podría hasta decir, es una sociedad medieval aún. Es un pueblo, con formato de ciudad, donde las tradiciones y las instituciones sociales siguen estando tan fuertemente atadas a su propio verdugo, como los antiguos del medioevo estaban a sus señores feudales.
Esta crisis económico-social, es la realidad que se presenta en el día a día de los hombres y mujeres del pueblo. Es una sociedad tan tradicional que nos son capaces de construir una sola voz para defender sus derechos.
La ciudad se debate en la agonía. La formación de su gente, es tradicional. Nada ha cambiado en el Manorá de Roa Bastos, y desde el “Trueno entre las hojas”, este hijo adoptivo de Iturbe, nos gritaba que el verdugo del pueblo era la fábrica de azúcar.
Cuando éramos niños, vivíamos orgullosos de nuestra realidad, de ser hijos de obreros, ser proletarios y  también de nuestros “señores feudales”. Y éramos más felices porque nuestros padres trabajaban en la azucarera y convivíamos con esa realidad. Muchos de nosotros, quisimos ser adultos para algún día trabajar en la misma.
El pueblo vivía, -porque hoy agoniza- en la medida del tiempo de la industria. Los tiempos de la fábrica eran los tiempos de las familias. Su sirena anunciaba los cambios de turno, las festividades más importantes y la navidad y el año nuevo. El ulular de esa sirena, era la confirmación de que todo funcionaba bien. Cuando la fábrica paraba, era noticia en el pueblo. Pero era por superproducción, porque los cañeros (productores de caña de azúcar) enviaban sus mercaderías y estos sobrepasaban la capacidad del trapiche.
Ambos, pueblo e industria, compartían un solo destino y aún lo comparten. Una -el pueblo- está en terapia, la otra -la industria- ha muerto.
Azucarera Iturbe
Los sentimientos, con esta realidad están encontrados. Por un lado queremos que la azucarera pague a sus obreros y proveedores. Y por el otro, todos sabemos que la ciudad sólo sabe vivir de la industria del azúcar. No hay otras opciones de rentabilidad, las pocas iniciativas no prosperaron, porque quizás, siempre se deseó reavivar ese amor eterno.
Estación del Ferrocarril de Iturbe

No es fácil, el futuro es incierto. El gobierno promete algo, pero nada es seguro. Este no es el Rumbo que debe tomar la sociedad iturbeña. Debemos pensar diferente. Ya no mirar a la azucarera, ni al rio. Debemos mirarnos a nosotros mismos y preguntarnos: “¿Que puedo cambiar, para que cambie mi realidad?”

1 comentario:

angel duan monzon cañiza dijo...

bella cuidad de iturbe donde descanza mi amado padre al cual viste nacer y crecer corriendo por tus polvorientas calles... extraño esos dias de mi infacia en los cuales íbamos a visitar a tios y tias que tan alegres nos recibian... como no extrañar esos tiempos tan lejanos ya...