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jueves, 2 de septiembre de 2010

PROMOCION 2010 - RAFAEL BARRET



                                                    Ciudad del Este 02 de setiembre  de   2010

Señora
Decana de la Facultad de Filosofía
Lic. Blanca Tottil de Moreno
UNIVERSIDAD NACIONAL DE ESTE


         A través de la presente nota pongo a su consideración, el nombre de la “Promoción 2010” de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional del Este.  El nombre que sugiero, y que deberá ser estudiado y aprobado en la instancia correspondiente, es de “Rafael Barrett”, eximio narrador, ensayista, poeta y periodista, nacido en Torrelavega, España el 07 de enero de 1876. Conoció y amó profundamente al Paraguay y su gente, reflejada en sus obras. En su corta vida defendió incansablemente a  los humildes y desfavorecidos, un humanista comprometido, que clamó y luchó por el fin de las injusticias en el mundo. Rafael Barrett murió el 17 de diciembre de 1910 a los 34 años en Arcachón,  Francia,  aquejado de una terrible enfermedad que finalmente lo llevó sin haberlo doblegado. Es de recordar que este año estamos celebrando el centenario de su desaparición física.

           Rafael Barret, llegó al Paraguay en el año 1904, como corresponsal de un periódico argentino para llevar informaciones sobre la guerra civil de ese año. No tardó en formar parte de la sociedad paraguaya plenamente, su sed de combatir las injusticias lo llevó a trabajar por la organización de los obreros en  sindicatos,  para protegerse mutuamente de la feroz explotación, su pluma denunciaba al mundo entero las crueldades de los yerbales del Alto Paraná y Amambay; Lo que son los yerbales y el dolor paraguayo, son algunas de sus obras literarias que dio a conocer en detalles la situación en esclavitud de los “mensú”, así como las denuncias de corrupción, que no era común por la censura de la época, de los gobiernos de turno. Incluso ya denunciaba la depredación ambiental, en uno de sus artículos;  el odio a los árboles (1909).

               Sufrió de grandes privaciones, vivió en Asunción,  en Yabebyry, en San Bernardino, y conoció el Alto Paraná. Su cruel tuberculosis lo mantenía a veces obligatoriamente aislado de su querida gente, pero no tardaba en reponerse y seguir con su asiduo trabajo de pluma e  ideas,   hacía lo posible para que los conocimientos, la verdad,  la ciencia y la filosofía llegaran al común de la gente. Fue un verdadero apóstol. Las reediciones de sus obras, son señales de su vigencia a través de los años.

              Una nieta de él, Soledad Barret, gran luchadora igual que su abuelo,  fue asesinada y  desaparecida en los años setenta  por las dictaduras militares del Brasil, pero felizmente quedaron otros descendientes en Asunción y Montevideo.

               En espera de una aceptación favorable, es propicia la ocasión para saludarla  con el debido respeto.
              Atentamente.
                                         Pedro Espinoza Chaves
                             Representante Estudiantil ante el CD
                                                          
     Paraguay; Tierra roja y cálida que enceguece con resplandores y seduce con mansedumbre  (Rafael Barrett)         


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 BREVE BIOGRAFIA DE RAFAEL BARRET

Hijo de una adinerada familia, Rafael Barrett nació en España en 1876 y murió en Francia a los 34 años, víctima de la tuberculosis. Una honestidad a prueba de sobornos y un pensamiento libertario sin doblez le costaron desde temprano persecuciones y exilios, que vivió con dignidad en la Argentina, Uruguay, Brasil y especialmente Paraguay, la tierra donde arraigó y donde alumbró sus mejores textos. De la abundante y dispersa obra de Rafael Barrett hemos elegido un artículo en el que critica la educación formal (y vacua) que se imparte en ciertas academias.

De niño me inculcaron con seriedad que se debe decir la casa y no el casa; yo como y no yo comes. Se obstinaron igualmente en asegurarme que tarde es un adverbio y sobre una preposición. Cuando había aprendido bien una regla me descubrían que no era tal regla, que había numerosas excepciones, las cuales a su vez tenían excepciones. Al fin me libraron del colegio y me di prisa en olvidar cuanto en él había sucedido. Con asombro noté que no me hacía falta saber gramática para hablar en castellano.

Asombroso me pareció también que personas que no conocen la anatomía ni la fisiología del estómago digieran durante largos años imperturbablemente. Cuando me hube habituado a estos hechos, sospeché que las reglas no tienen quizá la importancia que los académicos y los dómines quisieran. Leí verdaderos libros, y vi que el talento y el genio suelen fundar la gramática futura sin molestarse en saludar la presente. La policía aduanesca de mis profesores perdía su prestigio. De dictadores pasaban a copistas. Encargados de medir el idioma, creían engendrarlo.

-Hombre se escribe con h -me corrigieron un día.
-¿Por qué? -pregunté, tímido.
-Porque viene del latín homo.
-¿Por qué entonces no escribimos todo igual: homo?
-¡Silencio!
Observé en los ojos del maestro la misma furia del presbítero que nos dictaba doctrina cristiana. Una regla no se discute. No se discute el código ni el catecismo. Explicar una regla es profanarla.
Escribir hombre sin h, ¡qué vergüenza! Y si en Italia se escribiera uomo con h, ¡qué vergüenza! Si una soltera pare, ¡qué vergüenza! Y si un hotentote encuentra virgen a su esposa, ¡qué vergüenza!
No examinéis las reglas. Examinar es desnudar, y el pudor público no lo permite. Perteneced, si podéis, a la innumerable, a la invencible clase de los archiveros, guardianes y administradores de LA REGLA, y si no podéis, doblad el pescuezo. Pensar es exponerse a ser decapitado, porque es levantar la frente.
La regla es la mentira, porque es la inmovilidad; pero no lo digáis, no lo deis a entender; defended el pan de vuestros hijos.

Publicado en "Los Sucesos", Asunción, 17 de diciembre de 1906.
                                             

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