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miércoles, 20 de abril de 2011

“CHE” GUEVARA El hombre que engaño al mundo (Parte III)

Escribe: Ricardo Steimberg
risterecargado@blogspot.com
chachoriste@hotmail.com


(Los asesinos no tienen ideales)

En la tercera y última parte de este comentario, quiero dejarles una visión no convencional de este controvertido personaje. Muchos testimonios he tomado de relatos de sobrevivientes, camaradas de armas o simplemente de gente que tuvo algún contacto con él. 

Evidentemente es difícil separar la paja del trigo como el mito de la realidad. Sin embargo son tantos los testimonios que no hablan a su favor, que fue eso lo que me dio que pensar. 

Y lo que me impulsó a conocer algo más, de lo que ya sabía sobre el Che Guevara. También he recurrido al testimonio de los pocos cubanos residentes en Paraguay, quienes me han narrado hechos verdaderamente desgarradores y que estremecen con solo escucharlos, como sacados de alguna película de terror. 

Los primeros datos me fueron proporcionados por alguien que hace poco que conozco y solamente por Internet. Hace más de 20 años que vive en Miami y me ha contado que se escapó de Cuba, montado en un neumático de tractor, prefiriendo mil veces ser comido por un tiburón que seguir permaneciendo en su tierra. Como él me ha dicho varias veces: “Nadie se escapa del paraíso”. 

En fin, sea lo que sea, mi objetivo final no ha sido solo hablar mal de Ernesto, ni criticar su ideología y ni mucho menos siquiera me interesaría reprochar su peculiar modo de vida. Mi única intención es poner al descubierto toda la actitud de un hombre que fue elevado a la categoría de un súper héroe cuando en realidad es totalmente lo contrario. 

Lo que realmente me molesta sobremanera y por eso estoy totalmente en desacuerdo con él, es que no tiene otro método para imponer sus ideas que no sea la fuerza. 

Su desprecio por la vida humana, y de esto poseo infinidad de testimonios confiables. Y por sobre todo, la gran cantidad de inocentes que estuvieron en el lugar errado, en el momento equivocado. 

Apenas la revolución desembarcó en La Habana, Guevara se hizo cargo de la jefatura de La Cabaña, que era una tenebrosa fortaleza de la época colonial, en donde fueron fusilados, una incontable cantidad de opositores, la mayoría de ellos, jóvenes que aún no contaba con 30 años. 

Muchas veces, era el mismo Che quien personalmente los ponía contra la pared a cualquier cubano que sea mínimamente sospechoso de conspiración, disparándole entonces, su viejo fusil ruso. Por esto, más tarde sería bautizado con el nombre de “El carnicero de La Cabaña”. 

El mismo se encargó de dirigir los juicios sumarios contra los seguidores de Batista. Condenando a muerte, a 4.000 personas, siendo esta una cifra muy cercana a la realidad. En la cárcel de La Cabaña, vivían aproximadamente 800 hombres hacinados, en las peores condiciones de vida, en un espacio solo para 300. 

Entre ellos había opositores políticos y gente inocente, pero el Che no dudaba en ejecutarlos. Unas veces actuaba como simple espectador y en otras participaba activamente en los fusilamientos masivos.

En las sentencias prefabricadas, que él mismo revisaba y aprobaba, no existía la duda razonable. Por eso su lema preferido era:”Ante la duda, mata y luego averigua”. 

Entre tantos testimonios que me han llegado y que me estremeció, ya que lo pinta en todo el esplendor de su maldad. “El Che nunca trató de ocultar su crueldad, al contrario, entre más se le pedía compasión, más él se mostraba cruel. Él estaba dedicado por entero a su utopía. 

La revolución le exigía que hubiera muertos, él mataba; ella le pedía que mintiera, él mentía. En La Cabaña, cuando las familias iban a visitar a sus parientes, Guevara, en el colmo del sadismo, les exigía que pasaran delante del paredón manchado de sangre fresca”. Esto lo cuenta un testigo confiable como puede ser el Padre Javier Arzuaga, quien fue el Capellán de La Cabaña. 

María Werlau, directora ejecutiva del Archivo Cuba, es una de las personas que más conoce sobre los derechos humanos, en la ínsula, y ella misma no pudo dar una cifra ni precisa ni aproximada de las víctimas que causó el socialismo en la isla: “No lo sé, cien mil…doscientos mil…”.”Gran parte de ellos han perdido la vida intentando huir del paraíso socialista. Otros han sido simplemente ejecutados caprichosamente por el régimen”. 

Una frase muy famosa del Che y repetida por él, en varias ocasiones decía: “No soy Cristo ni un filántropo, soy todo lo contrario de un Cristo. Lucho por las cosas en las que creo, con todas las armas de que dispongo y trato de dejar muerto al otro, para que no me claven en ninguna cruz o en ninguna otra cosa”. 

El Che fue prácticamente verdadero el “inventor” de los campos de concentración en la isla y el campamento de Guanahacadibes, en Camagüey, fue el precursor del confinamiento sistemático, a partir de 1965. 

Allí no solo se alojaban los disidentes del nuevo régimen, si no también homosexuales, católicos, Testigos de Jehová, sacerdotes afrocubanos, gitanos y cuanta gente haya que no le cayera bien en gracia. 

Apretujados en ómnibuses y camiones, los “desadaptados” eran llevados a punta de pistola a los campos de concentración, todos copias fiel del modelo de Guanahacadibes. 

Muchos de los prisioneros serían violados sexualmente, otros golpeados con brutalidad o bien mutilados. Pero todos los que se salvaran de morir, quedarían con trastornos psicológicos de por vida. El resto ya nunca más podría volver a ver a los suyos. 

El Che nunca fue miembro del partido comunista. Tenía una ideología muy propia e indefinida; más cercana a la maoísta china, que a la soviética. Él siempre detestó a los soviéticos y estos, a él. Ernesto Che Guevara Lynch de la Serna vivió la vida como a él le gustaba vivirla: siempre caminando al borde del abismo. 

Es responsable del asesinato de miles de seres; muchos inocentes. Tuvo en su mano, el poder para decidir sobre la vida y la muerte. Pero nunca encontró un inocente. Finalmente murió en su ley; solo, en el medio de la nada, en un país extranjero, lejos de su familia y sus amigos. Con el correr del tiempo logró ser más que un guerrillero, se convirtió en un gran actor. Por eso él es, el hombre que engaño al mundo y todavía le siguen creyendo.

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