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El periodismo mantiene a los ciudadanos avisados, a las amantes advertidas y al Gobierno inquieto" Frase de Francisco Umbral

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viernes, 23 de abril de 2010

ARTICULOS SOBRE UN MEDIO MASIVO Y POPULAR, LA RADIO

RADIO VICTORIA

La radio: Brújula social

La radio marcha tan vertiginosa tecnológicamente como el propio hombre en sus investigaciones. Se necesita tanto de ver como de escuchar. Algunos expertos aconsejan mejor oír en este mundo acelerado porque apenas las personas se sientan para apreciar un audiovisual. Sin embargo desde cualquier posición se tiene la capacidad de escuchar, de esta forma la radio es un medio insustituible por mucha INTERNET o virtualidad existente.
La radio acompaña en disímiles horas. Es elevado el valor de uso utilitario del medio que pocos imaginan, desde contribuir a que te levanten de la cama y te despiertes temprano, a no permitirle el sueño a un conductor que viaja largas distancias en la noche, ofrecer orientación, educar y recrear con música o textos. La radio es una brújula para la sociedad.
El oyente elemento activo del mercado llamado UDIENCIA, sintoniza con rapidez y también cambia de emisora a la velocidad de la luz. Cuidar la sintonía es la misión principal y reto de los productores radiofónicos situando productos altamente competitivos, de calidad fruto de un personal competente que sabe lo que hace porque tiene periódicamente la información de cómo se mueven las audiencias: que quieren, sus gustos y tiempos de sintonía.
El estudio de audiencia tiene que ser sistemático y responsabilizado a equipos de expertos. Quien chequea y controla en el medio no debe ser juez y parte. Tampoco debe escatimarse recursos en los análisis de audiencia. No importa el precio económico porque uno de los mejores presupuesto que pueda usarse en la radio debe encaminarse a saber como llegan nuestros mensajes a los perceptores y a partir de ahí, capacitar el personal de realizadores, armarlo de las demandas del mercado para proceder a tono con las exigencias de las personas que escuchan la radio.  (SI QUIERE SEGUIR LEYENDO INGRESE AQUI)
Se sabe que las mediciones de audiencia son difíciles. Si no existen a mano los equipos de especialistas los propios colectivos de realizadores asumen la investigación para medir la aceptación de los programas. Las normas del medio reclaman un constante estudio de mercado que exigen investigar y conocer lo que las personas desean escuchar.
Es necesario visitar las comunidades, hasta los hogares, preguntar las preferencias y que gusta o no de nuestros productos comunicacionales. Si existen diferentes públicos también hay especificidades para cada uno de esos conglomerados. No debe olvidarse cuando un espacio pierde sintonía es consecuencia de varios factores: trabajar incomodo, sin organización, sin plantearse objetivos y de manera improvisada.
Hacer radio es también como fabricar un pan, un dulce, un plato, que lleva ingredientes, tiempo y arte en su confección, de no cumplirse estos parámetros el producto se rechaza. Para todo existe una lista de mandamientos y la producción radiofónica tiene los suyos. Un hombre o mujer de la radio reconoce y admite sus errores, es flexible, con mente abierta para actuar ante cualquier situación y transformar la materia prima de textos y contenidos en obra creativa.
El arte de hacer radio es tan serio y al propio tiempo divertido que lo hacen un acto interesante. Son múltiples los momentos de disfrute personal capaces de revertirse en momentos de recuerdos que permiten la sintonía al día siguiente del oyente con la emisora y del productor con su trabajo porque sabe de antemano del disfrute de minutos preciosos fruto de la imaginación que el oyente agradece porque cree en la veracidad de lo que se dice, como se dice y quién se lo dice.
Se puede oir siempre la radioSe puede oir siempre la radio
La radio efectiva es aquella que no se desprende de la iniciativa constante y de la aptitud de quien la hace. La suerte en la radio como en la vida la da el trabajo. Si la radio anda mal y no se elabora con calidad, la orientación social se distorsiona.
La radio y el rocío de las flores.
Por Lic Carlos Rafael Diéguez. B

Cuba tiene una rica experiencia de dramatizados, novelas, policíacos, cuentos y teatros constituyendo ofertas habituales de las programaciones en las emisoras de todo el país. La producción dramatizada puede considerarse como la mayor del continente latinoamericano, un patrimonio cultural de autentico arte radiofónico. Para mantener los numerosos espacios se cuenta con talento competente, en esta oportunidad no voy a referirme a los actores y tampoco a las interioridades del mundo de la actuación, nuestro objetivo es otro: los efectos de sonidos.
El efecto en radio ubica el entorno y refuerza la credibilidad de la escena o la información que se ofrece porque al utilizar, por ejemplo, pasos, desplazamientos de animales, sonidos de calles o fábricas no es solo para programas que aborden el género dramatizado, en cualquier espacio se pueden poner efectos o sonidos ambientales, todo depende de la creatividad y la iniciativa.
Confirmo lo que ha escrito sobre los efectos José Ignacio López Vigil el autor del Manual urgente para Radialistas apasionadas y apasionados: más de tres sonidos mezclados no deben estar en el dial porque interfieren el mensaje, también señala como los novatos llenan de efectos los programas tan pronto descubren la radio y los sitúan de manera indiscriminada. Es cierto, pero si malo es una cosa, peor es escuchar una radio que no use en una hora algún efecto sonoro que ambiente el dial. Me atrevo a apelar a una metáfora: en la radio el efecto sonoro es como el rocío a las flores.
Considero que las radios necesitan de bancos de efectos constantemente actualizados de ámbitos universales, nacionales y locales, estos últimos se logran grabándolos In situ. Hay tantos ambientes campestres como montes, cada ciudad y pueblo ofrece sonidos característicos que sirven de referencia al lugareño. Mientras un parque de la ciudad de Sancta Clara en el centro de Cuba manifiesta determinados matices sonoros en Bayamo en el oriente cubano otro escenario parecido mantiene algunos sonidos pero incorpora los coches tirados por caballos y el tañir de la campana de la iglesia es completamente distinto porque tiene otros toques o la campana es más vieja. El sonido ambiente frente al Capitolio de la Habana es único como es autentico e irrepetible la sonoridad del parque Calixto García de la Ciudad de Holguín.
El efectista profesional conoce al detalle como sacarle sonido a una hoja de papel, pero esos conocimientos exclusivos par a él, frutos de sus estudios y práctica, debemos asumirlos porque en la radio tenemos que saber de todo independiente de la especialidad. Vale la pena que periodistas, locutores y demás personal estudien como hacer efectos, esos trucos le dan vida a la radio. Al hacerlos desarrollan una capacidad creativa en los comunicadores del medio. Cada día el papel del productor radiofónico crece y es necesario un dominio integral del uso de los sonidos.
El sonido que proviene del efecto manual o grabado provoca una sensación producida en el órgano del oído por el movimiento vibratorio de los cuerpos, transmitido por un medio elástico, como el aire. Cuando se habla, esa realización oral consecuencia de la unión de fonemas se constituyen en rasgos pertinentes de quien los ejecuta al acompañarlos con elegantes cortes sonoros, música o efectos. La credibilidad de la comunicación se multiplica.
Debemos estimular la preservación de archivos sonoros y de efectos en las instituciones de radio, también los personales. Un periodista junto al catálogo individual de géneros producidos y materiales en bruto pudiera perfectamente acumular los sonidos principales de las empresas, industrias, escuelas, centros y comunidades que atiende o visita con frecuencia. Esos efectos pueden ser grabados por él mismo. Al utilizarlos incorpora variedad, elegancia y eficacia en la noticia. El periodista es un creador, él sabe que los sonidos ofrecen tanta información como la palabra. Imaginen transmisiones en vivo o grabadas de día desde una tabaquería, un astillero, una mina de níquel, un taller de fundición, una escuela de primaria. Cada una tiene sus características, sin embargo por la noche varios de esos efectos ya no son los mismos, o son menos o son otros.
El efecto es un truco o artificio para provocar determinadas impresiones en los oyentes de la misma manera que se usan en las películas para los espectadores. Saber utilizar y escoger los elementos para las bandas sonoras necesita de un gusto estético que si bien no tiene que ser tan refinado si debe responder a la sensibilidad del creativo y sus conocimientos.

Tono, ritmo y timbre desde Cicerón.

En Cuba la locución tiene como antecedentes a los lectores de tabaquería si embargo existen documentos que dan cuenta como en el siglo I a. de C se apelaba a la elocuencia en el verbo, a la poesía y la oratoria utilizando métodos de comunicación de la escuela asiática con tendencias a exposiciones grandilocuentes y de expresión muy adornadas que cuidaban del ritmo de manera particular.
Vale la pena que los profesionales de la palabra del siglo XX1 estudiemos a profundidad el tono, ritmo y timbre. Tres aspectos en oportunidades desechados por las exigencias de una articulación impecable. En una correcta dicción NO se omiten eses finales o intermedias y los fonemas son pronunciados con óptima calidad; pero al descuidarse la velocidad y la altura de la voz da al traste con una locución desafinada. No quiere decir gritos, porque “gritarle al micrófono”, produce un mayor volumen de voz desde la garganta y se deforma el sonido ya que las cuerdas vocales al tensarse no vibran y la voz sale extremadamente aguda.
Cicerón desde el año 43 antes de nuestra era le daba una importancia capital a la Teoría y Práctica de la oratoria. Según la historia los discursos eran perfectos, verdaderas obras de arte de la comunicación humana. Desde entonces se conoce la locución con escuelas para la formación de oradores y hasta cómo componer discursos. Los auditorios no eran tan abarcadores como hoy la radio puede llegar hasta millones de personas al unísono. Imagínense a Cicerón hablando por radio. El hombre desde la antigüedad le dio un justo valor al lenguaje porque desde temprano supo que la palabra tiene poder, una fuerza multiplicada, ¿Cómo es posible escuchar hoy alocuciones sin elegancia y armonía?
Cicerón opinaba que el perfecto orador ha de ser una combinación de tres factores: disposición natural, cultura profunda y conocimientos de la técnica del discurso. El locutor de la era actual tiene que estar sometido necesariamente a una constante superación y acogido a los principios antes mencionados. Leer mucho y diversos textos en voz alta, en busca del tono central, y de hallar el justo ritmo asequible al oyente adaptándolos a los horarios del día y de la noche constituyen prácticas necesarias del profesional de la palabra.
Estudiar y estudiar para dominar el arte de persuadir. Si Sócrates tuvo la luz larga de crear una famosa escuela de oratoria en Atenas que tenía el concepto amplio de la misión del orador: un hombre instruido y movido por altos ideales éticos a fin de garantizar el progreso del estado, hoy día esos preceptos deben ser enaltecidos y preparar a los artistas de la locución como profesionales capaces de asumir los retos que impone una audiencia cada día más culta. Tales aspiraciones exigen de auto preparación.
Tres elementos básicos tono, ritmo y timbre sin olvidar la dicción, forman parte de procesos más complejos que necesitan de la respiración para producir una adecuada energía vocal donde no falte la intensidad y la interpretación de los contenidos que se emiten. Los expertos del arte de hablar consideran la fonación como factor importante del timbre que determina el tono y la melodía de la voz, mientras la resonancia natural de la voz es el elemento que completa la calidad de la cadena hablada.
El locutor es un creador de imágenes. Pinta con la palabra escenarios que repercuten en los oídos perceptores contribuyendo o NO a que esas ilustraciones, se queden o se esfumen rápidamente, si no llevan la intensidad y el uso adecuado de los valores explicados. El arte de la locución determina una constante ejercitación como un atleta de alto rendimiento. No puede descuidarse porque perderá la medalla de la atracción y el gusto popular.

La radio nos conecta con el poder del amor

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El lenguaje radial se diferencia de otros medios porque el mensaje sale desde la boca y entra por un oído receptor donde NO interviene la vista humana. Cuando una locución agrada, los contenidos se sienten a profundidad, lo contrario si el hablante atropella los vocablos y realiza un mal uso de las técnicas profesionales de la locución. ¿No ha escuchado la expresión “fulano me desbarató el libreto”? Y es que un guión mal leído sin la adecuada interpretación, no persuade al interlocutor. Frente al micrófono como ante la vida, se habla con el corazón.

La elocuencia del locutor radica en la elegancia de la pronunciación de cada una de las palabras y del uso adecuado de los signos de puntuación porque la pausa- ese silencio entre grupos fónicos o terminación de párrafos- según se entone, ofrece información captada de inmediato por el escucha, propiciando conductas positivas o negativas de aceptación o rechazo.

La reiteración del mensaje caracteriza el lenguaje en la radio. El cariño de los oyentes hacia el medio tiene que ver entre otras cosas por el constante repetir de ideas. El sentido de lealtad y la habitualidad de los espacios en el medio logran establecer un código de proximidad entre emisor y perceptor. La radio es capaz de guiar las sociedades creando atmósferas agradables, fruto de sonidos óptimos donde la voz es determinante cuando se pronuncia con sinceridad desde lo más hondo del comunicador.

El producto comunicacional radial va más allá de las palabras. Las palabras son solo el recipiente, la esencia, es su contenido y se enriquece con la forma de decir. No se concibe una radio triste. Este es un medio para enseñar el arte de vivir, de disfrutar, de crear, de aprender, de amar, de ser nosotros mismos y permitir que los otros también sean ellos mismos.

La radio tiene una fuerza creadora autentica porque todos sus contenidos entran por el sentido del oído, el lugar por donde el ser humano comenzó a escuchar los sonidos del mundo. La radio nos conecta con el poder del amor. Esa es la mayor virtud: no se ve, pero se escucha tan hondo, capaz de trasmitir imágenes creadoras y sembrar sentimientos que la hacen un invento maravilloso.

Como nadie es inferior ni superior y cada ser es incomparable. La radio no es una excepción, sin pretender ser el centro del mundo el medio radiofónico es un soporte educativo de estimable valor; consiste en dar información, orientar y desarrollar el potencial de cada ser.
Enseñar a los individuos a comportarse como seres humanos, a pensar y proyectarse en una sociedad cada día más compleja donde se exige un dominio constante de las nuevas tecnologías.

La radio es un magisterio en el éter. Se dice que el autentico maestro, es aquel que coloca las cosas frente a sus discípulos mostrándole lo maravillosas que pueden ser, despertando su sensibilidad, su confianza, e invitándole a experimentar. La buena radio no oculta secretos y no manipula a su audiencia. Guía por caminos limpios a sus oyentes. La radio tampoco lo dice todo para estimular la investigación, enseñar a reflexionar, llegar a conclusiones, comparar y hasta buscar en otros medios. Con tantas virtudes la radio no es orgullosa, promociona cada día los periódicos y la TV auque a ella no la mencionen al comprender que solo con la imbricación mediática la preparación del perceptor es más integral.

Los equipos de radios no deben faltar en las casas, en las industrias, centros de trabajo o escuelas porque sus contenidos están encaminados a crear hábitos de conducta, en hacer seres iguales que se relacionen, piensen, hablen y actué ajustándose a las costumbres comunitarias. La radio es un generador de arte y cultura ¿Cuánto aportó en Cuba la educación musical por radio?

La radio tiene el reto de ir más allá de las opiniones de los demás y mirar hacia adentro de sus colectivos, de ahí que los hombres y mujeres que realizan la labor diaria de informar y orientar necesitan de una calidad humana extrema, capaz de crear contenidos que forje el pensamiento de identidad familiar para cultivar la imagen de la nación.




Hacer radio es construir el pan diario espiritual, es contribuir a la alegría. Para lograrlo es necesario que los hacedores del arte del sonido radiofónico sean personas contentas, entusiastas, estudiosas y ostenten como nadie, la virtud de saber escuchar. Van Gogh escribió: “El amor es la mayor fuerza creativa y el mejor modo de amar la vida es amar las cosas que hacemos”.

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