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jueves, 21 de noviembre de 2013

Distantes IV


Por Salvatore Brienza
 
Cuando la besó, ambos todavía no habían pecado. Solo se cometió un delito, él le robó un beso.

Ella tenía los labios frescos como un bosque. Suave como el viento de la mañana que se abre paso entre las hojas y la mueven tiernamente.  

Al momento del delito, los ojos de ella se cerraron para no olvidar ese momento. Él lo percibió. Ella aceptaba el robo porque sus labios se cerraban y abrían con cada movimiento.

Todo ocurrió rápido. Fugaz como una estrella. El resplandor de un rayo duró ese encuentro. Fue eterno para la mente de él, pero tan solo un instante para sus labios. Era lo que los astros deseaban.

Ella sonrió. Le gustó, pero la moral aprendida, le impedía consentir el hecho. Debía actuar con rapidez. Un minuto más y toda esa moralidad aprendida estaría volcada con ellos en el suelo. Quizás ellos dos también.
 
Vaya uno a saber lo que pasa cuando los astros se alinean y describen en el cielo la escena del destino.
 
Él lo deseó siempre.
 
Como el caballero que busca el Santo Grial, entendió que el momento de tomar el Cáliz  y beber su contenido, era de sólo un instante. Ese tiempo no se repetiría nunca más.
 
Siempre supo que seria un único y último acto, antes de separarse. No habría en el futuro otro instante en que esos labios se abrieran, nuevamente, para recibir los suyos.

En aquel momento…,  un intervalo. Hoy, cada vez más distantes.

Ella no habla y su silencio tortura el alma de Él.  Sufre pensando con repetir lo que sabe que nunca más volverá. Del Manantial fresco, solo se bebe una vez.

Ya los astros se han desalineado. La distancia es inmensa, como inmenso fue el trayecto para llegar a sus labios. Pero cuando empezaron a separarse, el calor de ambos cuerpos se sentía aún.

Atracción y Repulsión. Leyes de la Física. Una ley natural atraída por el magnetismo de sus cuerpos físicos. Ese extraño fenómeno de dos energías contenidas que al momento de alinearse los astros, se atrajeron para eclipsarse en un momento, en una fracción de placer.

En la distancia, solo queda el recuerdo de ese beso que distancio las almas, pero acercaron los labios.
 
De lejos, él mira los astros, esperando que se vuelvan alinear.
 
Él espera a los astros.
 
Ella..., “que no se vuelva a repetir”.

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