Frases de Periodismo

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domingo, 8 de diciembre de 2013

LA CRIATURA DEL TECHO

Cuento de Ricardo Steimberg

Recién después de la primera semana de haberme mudado, me enteré por los vecinos, que en el techo de mi nueva casa, habitaba un extraño y macabro monstruo. Mi primera e instintiva reacción fue la de reírme con sonoras carcajadas. 

Como mis experiencias con vecinos siempre fueron frustrante, decidí que mi trato con ellos, jamás pasarían más allá de un lánguido saludo cuando los tuviera cerca y una fingida reverencia cuando me despidiera.

Esta era una hermosa casa de dos pisos, situada en la ciudad de Hernandarias, no demasiado lejos de la cancha del club del mismo nombre. La idea principal era mudarme al primer piso y destinar toda la planta baja para un gran local. ¿A qué lo reservaría?, no tenía la más mínima idea. También estaba la posibilidad que en vez de explotarlo yo, lo diera en alquiler.

Así que poco a poco mi proyecto comenzó a tomar forma. Le había dado a un arquitecto amigo, un planito a mano alzada, con todas mis necesidades. Solo necesitaba dos dormitorios, cocina y baño, suficiente para Marlene y para mí. Ella se quedaría en Ciudad del Este mientras estuviera todo en obra. Su bendita alergia no podría soportar aquel polvo. 

Si bien no era agradable para nadie, alguien debía estar allí para acelerar las cosas, al final de cuentas, el viejo refrán cuenta que el ojo del amo, engorda al ganado. Lo bueno del caso es que día a día se podía notar el avance de la obra. 

Mi amigo tenía un buen equipo de trabajo, haciendo todo rápido, pero bien. Mientras tanto, cuando podía, daba un par de vueltas por la zona, para ver si detectaba que tipo de comercio faltaba en la zona. 

Cuarenta y cinco días después, el primer piso estaba más o menos concluido, por lo menos en cuanto a la distribución de los ambientes, solo quedaba el equipamiento, pero para este paso ya no estaba tan apurado. Me preocupaba más la parte del local, ya que este tenía la intención de reforzar mis escuálidas entradas. Ya la primera noche tuve problemas para conciliar el sueño. 

Descontaba que el fuerte viento desatado aquella tarde, era el causante. Pero a la noche siguiente, volvió a repetirse los mismos ruidos, sin embargo, esta vez no corría la más mísera brisa. Disminuí al mínimo el volumen del televisor y agudice al máximo mi oído y me dirigí donde creí que provenían los golpes. 

El ruido no era muy fuerte, pero sí continuo y molesto. Los golpes sonaban de un modo muy confuso y como el primer piso estaba prácticamente vacío, la acústica conspiraba en mi contra. Hacía rato que la noche había caído sobre Hernandarias. 

El movimiento en la calle se había reducido considerablemente. Los ladridos de los perros rompía la tranquilidad del lugar. Abrí la ventana y asomé la cabeza, más no vi nada fuera de lo común. 

Después que cerré la ventana, todos los ruidos cesaron completamente. No le di mucho más importancia al asunto y me fui al dormitorio para ver un poco de televisión. Ya me había olvidado del asunto, cuando dos semanas después volvieron los suaves golpes en el techo, pero esta vez se le agregó algo nuevo. Algo muy parecido a rasguños en una puerta. Esto me puso bastante nervioso. 

Muy lejos de calmarme, me levanté de la silla y salí disparado hacia el dormitorio más chico. Pulsé el interruptor, pero este no encendió la lámpara. Me encaminé hacia la ventana con paso titubeante y las manos hacia adelante, para no tropezarme con la maldita escalera del pintor. Apenas veía algo por delante de mi nariz, así que tomé mi tiempo hasta llegar a la abertura. 

Una vez que abrí la ventana, intenté de todas formas posibles ver, que cosa provocaba tales ruidos, pero fue infructuoso como la vez anterior. Sin embargo la noche siguiente tuve una desagradable sorpresa, que cambió totalmente mi perspectiva de ver al mundo como lo conocía. 

Preparaba algo para comer porque realmente tenía un hambre de lobo, cuando nuevamente escuché aquellos extraños ruidos. Estaba casi seguro que estos provenían del cuarto más pequeño. Abrí la puerta violentamente y en medio de la oscuridad, distinguí dos ojos brillando, cuya mirada sentí como se clavaba en todo mi ser. 

Presentí que lo tenía a unos escasos dos metros de distancia, y me dio la plena sensación que aquello era un ser no muy grande y tal vez bastante feo. El susto que me dio esa criatura me hizo gritar tanto que hasta a mi me estremeció. 

Di unos cuantos pasos hacia atrás e instintivamente cerré con fuerza la puerta. La suerte quiso que la llave estuviera puesta del lado de afuera, por lo que di dos vueltas completas, dejando a esa horrible criatura encerrada en la habitación. 

Por varios días la cosa se calmó, pero el temor a la noche me invadió totalmente. Pero lo peor de todo esto, nada de lo que había visto se lo podía contar a otro mortal, porque simplemente jamás me lo creería. Ya bastantes problemas tenía en mi vida como para que me tomaran por un demente. 

Pero a pesar que cerré mi boca, las historias sobre este misterioso ser, cuyos ruidos continuaban escuchándose, fueron agigantándose por mis vecinos más cercanos, hasta terminar saliendo todo fuera de control. 

Las noches se habían vuelto, una verdadera tortura para mí. Aquella maldita criatura me había llenado de un espantoso temor y debía enfrentar al tortuoso dilema de quedarme con aquella criatura o irme a Ciudad del Este y enfrentarme a Marlene y decirle que le tenía miedo a un bicho, salido de quien sabe de dónde. La respuesta era muy difícil y también molesta. 

Paralelamente a esta historia, en la ciudad de Hernandarias se había desatado una terrible ola de inseguridad y la delincuencia se había enseñoreado por todo el distrito. Continuamente sus pobladores realizaban denuncias en la Comisaría 5º o en la Fiscalía local, y en ambas dependencias, el personal se encontraba superado.

Por lo que contaban los vecinos, casi la mayoría de las casas o comercios, habían sido asaltados, en un radio de 500 metros de la casa. 

Algunos de estos, más de una vez, sin embargo a mi casa o mejor dicho, nuestra casa contando a Marlene, por supuesto, jamás le pasó nada, ni siquiera el más mínimo intento de traspasar el portón de entrada. Es más, mis vecinos linderos fueron robados en la misma noche, sin embargo nuestra propiedad estaba en el medio y aún así, nada había pasado. 

Cada vez que iba al almacén, que distaba cincuenta metros de la casa, todos dejaban de conversar animadamente para pasar a un sospechoso murmullo. En apariencia, la gente me temía y desconfiaba. 

Vaya uno a saber que cuernos pasaba por sus cabezas, pero con seguridad nada bueno. Si bien ese cuchicheo me era muy molesto, trataba de no darle importancia. Mis verdaderos problemas eran mucho más importantes que esta sonsera. 

El avance de la obra se tornó mucho más lento de lo que había calculado. Siempre existía un tonto impedimento para que todo se atrasase. Un albañil que faltaba, algo que se rompía en el peor momento, algo que precisaba con urgencia había desaparecido del comercio local o bien me quedaba momentáneamente sin efectivo. 

Como antes dije, hubo un suceso del que fui un espectador de primera fila y que transformó profundamente mi vida. Y lo que sucedió es que dos personas, pensando que la casa estaba vacía, forzaron la entrada. 

Esto me despertó totalmente sobresaltado, por lo que me dirigí sin hacer ruido a la planta baja. Por el camino tomé un palo bien grueso que lo usaría como garrote, si fuera necesario. 

Toda la planta baja estaba en penumbras, pero aún así, pude divisar las dos figuras hurgando entre las cosas de los albañiles. Les iba a gritar, a fin de asustarlos, cuando de pronto saltó sobre el cuello de uno de ellos, una extraña silueta que furiosamente le desgarró todo el cuello, quedando el hombre tendido sobre el piso. Con una velocidad felina dejó al primero para abalanzarse sobre el segundo, al que destrozó de un solo golpe.
 
Me tapé la boca para impedir que se escuchara mi grito y me pegue contra la pared. Pero fue inútil, la criatura se paró delante de mí y recién pude reconocer que aquella cosa era una gárgola. Me miró fijamente mientras yo estaba petrificado. Luego de radiografiarme de arriba abajo, desapareció simplemente como por arte de magia. Fui corriendo a mi cuarto y me encerré.

Aquella noche no pude pegar un solo ojo. Días después aparecieron ambos cadáveres a orillas del Paraná. Esto no podría contarle a nadie y mucho menos a Marlene ni a la policía. Sería encerrado por demente. 

Lo bueno del caso es que si hubiera querido matarme lo habría hecho con solo pestañear. Por lo que deduje que aquella criatura solo quería defenderme de la maldad exterior. Los ruidos dejaron de escucharse, salvo aquellas noches donde podía haber algún peligro.

4 comentarios:

Adela Cornejo dijo...

HERMOSO TU CUENTO, COMO SIEMPRE ME GUSTA MUCHO LO QUE ESCRIBES. TE FELICITO RICARDO

VIOLETA dijo...

Está muy buena la trama, a medida que leía me imaginaba los protagonistas y el suspenso da para una película de terror...MB

VIOLETA dijo...

Está muy buena la trama, a medida que leía me imaginaba los protagonistas y el suspenso da para una película de terror...MB

VIOLETA dijo...

Está muy buena la trama, a medida que leía me imaginaba los protagonistas y el suspenso da para una película de terror...MB