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martes, 6 de mayo de 2014

EL AMARGO SABOR DEL AZUCAR

Fragmentos de “El trueno entre las hojas” de Augusto Roa Bastos


Por Salvatore Brienza


(A propósito de la manifestacion de los cañicultores, obreros y ciudadanos de Iturbe, les dejo fragmentos de la obra de Roa Bastos, "Un inmortal entre los mortales" que habla de la realidad de Iturbe)
“El ingenio se hallaba cerrado por limpieza y reparaciones después de la zafra. El tufo de horno henchía la pesada y eléctrica noche de diciembre. Todo estaba quieto y parado junto al rio. No se oían las aguas ni el follaje. La amenaza de mal tiempo había puesto tensa la atmosfera como el hueco negro de una campana en la que el silencio parecía freírse con susurros ahogados y secretas resquebrajaduras”
“La mole de la fábrica flotaba inmóvil en la oscuridad”
“En ese recodo del Tebikuary vivió sus últimos años Solano Rojas, el cabecilla de la huelga, después de volver ciego de la cárcel.”
“La lucha no se había perdido. Solano Rojas no podía ver los resultados, pero los sentía. Allí estaba el ingenio para testificarlo; el régimen de vida y trabajo más humano que se había implantado en él; la gradual extinción del temor y de la degradación en la gente, la conciencia cada vez más clara de su condición y de su fraternidad; esos andrajosos Mita’i en los que él sembraba la oscura semilla del futuro, mientras movía su arado en el agua.”
“Venían a consultarlo en la barranca. El rancho del pasero de Yasy Morotï era el verdadero sindicato de los trabajadores del azúcar den esa región”
“-Solano, ya cortaron otra ve´ lo´turno para nojotro entrar el cañadurce – informaban los pequeños agricultores.
- Solano, el trabajo por tareas ko se paga michi-eterei  - se quejaban los cortadores.
Solano, esto y lo´jotro
El los aconsejaba y orientaba. Ninguna solución propuesta por Solano había fracasado. En el ingenio y en las plantaciones se daban cuenta enseguida cuando una demanda subía el Paso.
-Viene el sindicato karape – decían.”
“Antes de establecerse la primera fábrica de Azúcar en Tebikuary-Costa, la mayor parte de la sus pobladores se hallaba diseminada en las montuosas riberas del rio. Vivian en estado semisalvaje de la caza, de la pesca, de sus rudimentarios cultivos, pero por lo menos vivían en libertad, de su propio esfuerzo, sin muchas dificultades y necesidades. Vivian y morían insensiblemente como los venados, las plantas, como las estaciones.”
“Así nació el ingenio. Simón Bonavi conchabó a los pobladores. Al principio estos se alegraron porque veían surgir las posibilidades de un trabajo estable. Simón Bonavi los impresiono bien con sus maneras mansas y afables. Un hombre así tenía que ser bueno y respetable. Acudieron en masa.”
“Los nativos  veían crecer el ingenio como un enorme quiste colorado. Lo sentían engordar con su esfuerzo, con su sudor, con su temor. Porque un miedo sordo e impotente también empezó a cundir. Su simple mente pastoril no acababa de comprender lo que estaba pasando. El trabajo no era entonces una cosa buena y alegre. El trabajo era una maldición y había que soportarlo como una maldición.”
“Por fin la fábrica empezó a funcionar. Sus intestinos de hierro y de cobre defecaron un azúcar blanco, más blanco que la arena del Paso. Blanco, dulce y brillante. Los hombres, las mujeres y los niños oscuros de Tebikuary-Costa se asombraron de que una cosa tan amarga como su sudor se hubiese convertido en esos cristalitos de escarcha que aprecian bañados de luna, de escamas trituradas de pescado, de agua de roció, de dulce saliva de lechiguanas.”
“De la chimenea del ingenio salía humo negro que manchaba el aire limpio, el cielo en otro tiempo claro del valle. Era como el aliento de los desgraciados enterrados vivos en el quiste de ladrillo y hierro que seguía latiendo a orillas del rio.”


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