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martes, 3 de junio de 2014

FUE EN UN 25 DE MAYO

ESTE CUENTO FORMA PARTE DE MI LIBRO "SON COSAS DE CHICOS" 


Cuantos buenos recuerdos vienen a mi memoria, cientos de hermosas imágenes que provocan una ligera sonrisa en mi boca, aún sin proponérmelo. Me acuerdo como si fuera hoy, de aquellos grises y muy fríos días de mayo, cuando tempranito marchábamos abrigados, como si fuéramos unos esquimales, con rumbo a la escuela. 

Siempre para esta fecha patria argentina, nuestros padres nos acompañaban muy sonrientes y sintiéndose muy orgullosos de hacerlo. Una vez dentro de la escuela, rapidito teníamos que buscar a nuestros compañeros de grado. Luego de intercambiar interminables saludos, salíamos al patio y allí, los que ya estábamos presentes, teníamos que ir formando fila, pero todos muy apretaditos por el frio. 

Una vez que todos estuviéramos bien alineados y tomado distancia, con el brazo derecho, presenciábamos el desfile de autoridades subiendo a la tarima, a la espera de su turno, para recitar aquellos largos y pesados discursos, dichos con palabras tan difíciles que ninguno de los niños lo entendía. 

Ante la mirada sargentona de nuestra directora, todos nos manteníamos quietos y sin hablar entre nosotros, a la espera que la profesora de música iniciara los acordes del Himno Nacional, en su viejo y apolillado piano.

A ninguno se nos ocurría hacer ninguna bobada, ya que a pocos pasos de ahí, se encontraban nuestros padres, que con mirada de águila seguían atentos hasta el más mínimo de nuestros movimientos. Todos nos sentíamos muy contentos a pesar de la temperatura y orgullosos de usar oficialmente por primera vez, al menos en mi caso, la gloriosa escarapela nacional. 

Al acto siempre lo empezaba la directora, quien arremetía a su charla con una voz de pito, tan monótona que luego de diez minutos, todos empezaban a bostezar. Luego, a continuación le tocaba la oportunidad de lucirse al Señor Inspector, un oscuro funcionario cuyo único trabajo era espiar el trabajo del director y sus subalternos y reportárselo inmediatamente al Ministerio. Una tarea sucia y odiosa, pero alguien tenía que hacerlo. Derechito, como si se hubiera tragado un palo de escoba, se colocaba frente al público. 

Tras carraspear y darles algunos golpecitos al micrófono, arremetía sin dudar contra un montón de nombres y fechas, que a nosotros no nos importaba, ya que todos estábamos ocupados moviéndonos en un disimulado zapateo, como único método para combatir al frío reinante. Tras divagar durante un buen rato, le dejaba paso a una maestra de grado. 

No sé cuál es el motivo, pero habiendo siempre maestras tan lindas, siempre se elegían a las más feas y gordas de todo el plantel, con lo que menguaba, por cierto, nuestra inicial ansia patriótica de estar en aquel sentido acto. Y finalmente para cerrar la parte de los azucarados discursos, debía ser incluido definitivamente el mejor alumno de la escuela. 

Por lo general, los discursos de los que tenían mejor promedio, no agregaban nada nuevo al panorama, a no ser reafirmar una vez más lo ya dicho en las disertaciones anteriores. Esta era la parte más fea de aquella triste y fría sesión de torturas. Sin embargo, aguantábamos a pie firme todos aquellos tormentos inimaginables, porque sabíamos que luego, al final, tendríamos nuestra tan ansiada recompensa. 

Por entre los gorros de lana y las gruesas bufandas, se encontraban la atenta mirada de papis y mamis siguiendo a nuestros más mínimos movimientos. Así como nosotros, esperábamos con ansiedad la esperada recompensa por haber venido y soportado tanto frío. Nuestros padres, la mayoría con cámaras fotográficas en sus manos, aguardaban impacientes, también su esperada recompensa: vernos a nosotros actuar. 

Terminada la aburrida tanda de discursos, llegó la hora de pasar al salón auditorio y allí, esperar que el escenario estuviera listo para la actuación de los jóvenes actores. Debo aclarar que en esa época, hablando de 1956-1957, las niñas y los varones concurrían a escuelas distintas, al menos en la ciudad de Buenos Aires. Así que los chicos necesariamente tendrían que disfrazarse de nenas.

Esto le tocaba a uno en suerte, ya que tal “halago” se sorteaba y los perdedores debían resignarse e ir tras el colorete, el compacto y el lápiz labial. Por lo general eran las mismas madres quienes hacían de maquilladoras, siendo esto doblemente terrible. En aquellas apoteóticas obras escolares, participaban cuatro o cinco niños por cada grado y sobre el escenario se representaba alguno de los momentos más importantes de la gloriosa gesta del 25 de mayo de 1810. 

Todos los que intervenían en la obra, estaban vestidos como en aquella época, gracias a la amplia colaboración de las pobres madres y sobre cuyas espaldas recaía como siempre, toda la responsabilidad del éxito o del fracaso de la obra. Además ellas contribuían a que los chicos supieran de memoria, toda la letra que les tocaba según su rol. 

En muchos casos, ambos padres se turnaban para tomarles la letra y aunque esto parezca muy molesto para los chicos, era totalmente lo contrario, ya que era un honor ser seleccionado para la obra del 25 de mayo y del 9 de julio. Los papis y las mamis estaban locos de alegría, ya que no solo podían ver todos sus esfuerzos invertidos, si no gozar con una actuación digna de un “Oscar”. 

En mi caso sucedía todo lo contrario. Como ya lo comenté en otro relato, a esa edad era enormemente tímido y haber sido elegido por mi maestra, representaba todo un tormento antes que un honor. Era yo un niño bastante retraído, pero solo cuando debía ser protagonista, de lo contrario era muy bueno sociabilizando. Dentro de todo, aquella vez tuve suerte, ya que la maestra me asigno un rol importante pero sin letra. 

Ella conocía muy bien sobre mi famoso “pánico escénico”, por lo que me destinó junto con mi compañero de banco, a representar a French y Berutti y donde solo tendríamos que repartir escarapelas celeste y blanca en el escenario y a los padres de los alumnos presentes, en la platea. En los días posteriores al acto, las “actrices” serían mortalmente acosadas y bombardeadas con las sanguinarias burlas del resto de sus colegas escolares. 

Luego de terminar la obra, se producía un desbande general, sin embargo las maestras, con mucho esfuerzo detenían semejante turba para hacernos formar nuevamente y de manera civilizada volver al patio. Allí ya se había instalado un largo tablón sobre muchos caballetes, al tiempo que formábamos una larga fila, paralela a la improvisada mesa. 

La hilera se movía lentamente, hasta que finalmente nos tocaba el turno y allí recibíamos, lo que para nosotros era el premio mayor, una buena taza de chocolate bien caliente con las antiguas e insustituibles galletitas "Lincoln". Los padres que podían, nos llevaban al desfile militar, que se desarrollaba por aquel entonces en la Avenida del Libertador. Supongo que mis ojos habrían quedado del tamaño de un huevo duro, maravillado con tanto uniforme y tanta fanfarria. 

Tenía por aquel entonces unos 6 o 7 años aproximadamente, sin embargo aún puedo recordar claramente muchas cosas de esos hermosos días. Una de ellas es que estaba muy de moda en esa época es que aprendí un grotesco versito que hasta el día de hoy puedo recordar, sin dejar de soltar una carcajada:

El 25 de mayo nació un caballo
levantó la cola y largo un zapallo..

1 comentario:

Albys Paredes B. dijo...

AYAYAY... Me retrotaje en el tiempo y en mis recuerdos de aquellos años en que la patria, esa palabra que se me antojaba tan sagrada, pero, que ni entendía muy bien a qué se refería,era mi orgullo...
Sólo sabía que San Martín,Belgrano, Saavedra, Brown, de Güemes, Laprida, Mariano Moreno y otros eran nombres sagrados y que había que pronunciarlos con reverencia y admiración...
La escarapela en el pecho era la mayor alegría, la mía era de carey, pero la amaba, junto a mi insignia del colegio "Nuestra Señora de los Milagros" de Pto. Piray, eran mis tesoros más preciados...
25 de mayo era una fiesta, también en mi corazón...
Y vaya que me aprendí versitos, entre ellos, también: "25 de mayo nació mi caballo... Alzó la cola y echó un zapallo"... jajajjajajja..
Aaaaahhhh, me llenaste los ojos de lluvia... :'(
Pero me alegraste el corazón Ricardo...!!!